En la mesa, sólo quedaban Oscar, mi amigo, y aquel indio Cherokee de piel curtida como el cuero y gafas de sol oscuras. - Póker de Reyes - dice el crupier. El indio sonrÃe mientras suelta, la que parece, última bocanada de su puro. - Póker de Ases. El señor Oscar, gana.
Nadie mueve un dedo, hasta que Oscar se desploma, exhausto, sobre la mesa. Alguien tiene que reaccionar. Lo agarramos entre los seis y nos lo llevamos. No sin antes, recoger todas las fichas de la mesa, por supuesto. Las caras de la gente, el chirriar de dientes de Lucas, otro de los nuestros. Los recuerdos se amontonaban. Era el final del viaje.
Cuando decidimos reunirnos otra vez los siete, los de siempre, los que habÃamos pasado media vida juntos, e irnos a AlmerÃa en un solo coche, nunca pensamos que ese fin de semana nos unirÃa para siempre. Todos habÃamos cambiado, unos ya trabajaban, otros seguÃamos estudiando, pero no hubo que poner nada en común, la complicidad se mantenÃa.
El próximo fin de semana hemos vuelto a quedar, esta vez recorreremos el norte. Sólo hemos puesto una condición, ir todos juntos en el mismo coche de 7 plazas. Nuestro próximo weekend Avis hablará gallego.
La última frase larga que habÃa cruzado con mi padre fue en relación a mis futuros estudios y apenas pude explicarle mis dudas. TenÃa prisa.
El lunes pasado me llamó para decirme que no hiciera planes para el fin de semana porque nos Ãbamos a AndalucÃa. Y además, me dijo, nos vamos en coche. HabÃa alquilado en Avis un deportivo para todo el fin de semana y ya tenÃa los hoteles reservados. Era una sorpresa.
De esto hace una semana y parece que haya pasado un mes. En sólo tres dÃas hemos hecho más cosas juntos que en los últimos tres años. He descubierto el sentido del humor de mi padre, sus eternas sonrisas, historias de mis abuelos que no conocÃa, las artimañas que tuvo que hacer para conquistar a mi madre, los problemas de su trabajo, sus miedos y sus esperanzas. Hablaba, escuchaba, disfrutaba del paisaje, de la música, del sol del sur.
En un fin de semana, puedes descubrir muchas cosas que te pueden cambiar la vida. Yo descubrà a mi padre. Y él me descubrió a mi. Hemos planeado volver a hacer un Weekend Avis al menos una vez cada seis meses.
¿Habéis visto la pelÃcula âDe aquà a la eternidadâ? ¿Recordáis la escena en la que Deborah Kerr y Burt Lancaster se besan en la orilla de la playa mientras las olas pasan por encima de ellos? Ana y yo hicimos lo mismo, hace ya 10 años. Y este fin de semana lo volverÃamos a hacer.
No recordábamos muy bien dónde estaba la cala. SabÃamos que estaba cerca de Begur, en Girona, pero tenÃamos que encontrarla otra vez. Cruzamos los dedos y cerramos la puerta de casa. Hace tiempo que vendimos el coche (en el centro de Madrid sólo da problemas y gastos) asà que reservé un Weekend Avis.
Salimos el viernes por la mañana y llegamos por la tarde. Ãbamos escuchando varios CDs que nos habÃa preparado nuestro hijo pequeño con una selección de canciones âde nuestra épocaâ según nos dijo. Llegamos al mismo hotel, cenamos y nos acostamos pronto. Al dÃa siguiente cogimos nuestro Fiat 500 rojo (el que eligió Ana) y empezamos la búsqueda.
Después de varias calas, encontramos la nuestra. Estaba igual. Nos miramos. SonreÃmos. Ana se quitó la ropa, se acercó a la orilla y mirándome a los ojos me llamo con el dedo Ãndice. El sol dibujaba su figura. Estaba espléndida.